Así nace un Ojo de Atenea

EL RITUAL
DE CREACIÓN

Cada joya MacLé nace bajo una luna llena.
No en una fábrica, sino en un fuego.
No por una moda, sino por una intención: proteger.

En nuestro taller, cada Ojo de Atenea se crea siguiendo el ritmo lunar.
Nada es inmediato. Nada es azar.
La porcelana, el oro líquido, el silencio del horno y la luz de la luna se combinan para dar forma a un amuleto con alma.

Luna llena

Corte ritual de la porcelana

Corte ritual de la porcelana

La luna observa.
La porcelana respira.

En este primer instante, cada pieza se corta a mano, con respeto y precisión.
Aquí se siembra la intención: claridad, protección y fuerza interior.
Cada Ojo de Atenea comienza con un gesto antiguo: transformar el barro en luz.

Cuarto menguante

Secado y primera cocción · Bizcochada a 980 °C

Durante el menguante, el fuego limpia.
Las piezas se secan lentamente y entran al horno por primera vez.

La porcelana se purifica y se vuelve resistente.
Como nosotras, cuando soltamos lo que ya no sirve.
De esta cocción nace la estructura del amuleto: su cuerpo físico y su espíritu latente.

Luna Nueva

Esmaltado y segunda cocción

En la oscuridad del cielo, la porcelana se cubre de esmalte.
Cada trazo se hace en silencio, guiado por la respiración y la intuición.

El fuego vuelve a encenderse y sella la superficie como si fuera piel.
Es el momento más íntimo del proceso.
La pieza aprende a reflejar una luz que todavía no se ve.

CUARTO CRECIENTE

Decoración a pincel · El rostro del amuleto

Con la luna en crecimiento, la pieza recibe su rostro.
El iris toma forma. El color aparece: azul u otros tonos que cada colección inspira.

Cada pincelada se hace a mano, con calma y precisión.
Aquí el Ojo de Atenea comienza a mirarte.
Todavía es materia, pero ya tiene identidad.

Luna Llena Siguiente

Aplicación del oro y activación ritual

En los días que rodean la luna llena, la pieza recibe el oro líquido, aplicado a mano.
Se utiliza oro líquido al 15 % o al 20 %, según la corrección y el carácter de cada Ojo de Atenea.

Cuando la luna alcanza su plenitud, la pieza entra en el horno.
El fuego fija el oro bajo la luz lunar y sella la intención.

En ese instante, el Ojo de Atenea se activa.
Ya no es solo porcelana.
Es escudo, símbolo y promesa.

Cada pieza queda lista para viajar hacia su guardiana.